La infidelidad y las traiciones en el matrimonio: cómo evitarlas o sacarles provecho

 
La infidelidad y las traiciones en el matrimonio: cómo evitarlas o sacarles provecho

La infidelidad y las traiciones en el matrimonio son la verdadera plaga de nuestra época, algo típico en la mayoría de los países desarrollados.

Pero ¿merece la pena justificar las infidelidades o hay que combatirlas? ¿Qué pensar de la infidelidad conyugal y qué hacer para evitarla? En general, en la actualidad, ¿será la infidelidad algo reprochable? Vamos a pensar juntos en estas cuestiones nada fáciles.

Adulterios masivos como una realidad de nuestra época

Sin duda alguna, las cifras son bastante imprecisas y contradictorias, y las encuestas sobre el tema son difíciles de realizar; aun así, todos los estudios demuestran inequívocamente que la infidelidad conyugal es algo masivo en los países desarrollados, y es una práctica cada vez más extendida. No voy a aducir aquí estadísticas, puesto que hay bastante información en internet, solamente citaré el dato final: en casi todos los países, el porcentaje de esposos y esposas infieles supera el 50 %. Las mujeres no solo acortan la distancia que las separaba de los hombres en este sentido, sino que en algunos casos ya se adelantan a ellos. 

Para mucha gente, las infidelidades se convierten en una norma y ya no se consideran algo reprochable. Por ejemplo, he aquí la conclusión a la que llega la página web Gleeden dedicada a los contactos extramatrimoniales: «En Bélgica, la infidelidad ha dejado de ser motivo de divorcio. ¿Su pareja le es infiel? ¿Y qué importa? ¡Haga lo mismo o divórciese! En nuestra época, tener un o una amante es prácticamente una norma y un antidepresivo perfecto». Hay que decir que es una tendencia muy difundida en la mayoría de los países desarrollados.

Parece que solo en Estados Unidos todavía se moraliza sobre el tema y la opinión pública critica a quienes mantienen relaciones extramatrimoniales. A mucha gente eso le parece absurdo, y a los franceses, ridículo. Un ejemplo claro es lo que le ocurrió a Bill Clinton, por un lado, y al presidente francés François Hollande cuando cambió de pareja. La infidelidad del primero le costó una humillación pública que rozaba el impeachment, mientras que el segundo hacía lo que quería tranquilamente, sin intención alguna de justificarse o pedir disculpas. En general, los franceses se consideran líderes en el tema del adulterio, lo creen más bien una virtud que algo vergonzoso. Pero, para ser sinceros, los estadounidenses también censuran la infidelidad conyugal más por apariencia que por la realidad. En verdad, es un país que siempre figura entre los líderes mundiales en el tema del sexo fuera del matrimonio.

El problema de la infidelidad está de moda entre los investigadores, existen muchos datos al respecto que permiten «mirar bajo las sábanas» de los amantes. Por ejemplo, según las estadísticas, la mayoría de los hombres casados cometen adulterio con mujeres casadas (y viceversa, lógicamente). Los adúlteros suelen encontrar un candidato o candidata, sobre todo, en el trabajo, mientras que para hacer el amor prefieren irse a casa de uno de ellos. Así que, en realidad, se trata de una situación cínica y simple, en la que nadie hace caso a las convenciones sociales inútiles. 

La conclusión está más que clara: el adulterio se está convirtiendo en una norma. La mayoría de la gente es infiel a su pareja, y el número de adúlteros no para de crecer. La gente no teme a Dios y pasa de cuestiones morales. Lo único que da miedo es ser descubiertos. Las estadísticas lo confirman: la mayoría de quienes evitan el «pecado» solo lo hacen por este miedo. 

Pueden escandalizarse o pasar de ello, pero esa es la realidad actual.

Cuáles son las causas del virus de la infidelidad

Pero ¿por qué la gente es infiel, cuál es la causa? Hay muchas investigaciones al respecto, tanto entre hombres como entre mujeres, porque las causas son distintas para cada sexo. Existen tablas y listas que hacen evidentes estas diferencia entre ambos sexos. Parece que para los hombres el motivo principal es la lujuria y la caza de aventuras, mientras que para las mujeres es la necesidad de una historia romántica y la falta de atención por parte del marido. 

Sin embargo, estoy convencido de que no son estos los motivos reales, sino explicaciones a posteriori. El verdadero motivo es otro. La sociedad se vuelve cada vez más consumista, la libertad personal es el fetiche de nuestro tiempo, y el egoísmo se ha convertido en la principal filosofía actual. Ahí está la causa. Los valores tradicionales de la familia, tal y como se entendían antaño, se han relegado a un segundo plano, mientras que lo más importante en la vida es ahora mismo el placer. Este es el criterio básico del éxito para las personas modernas, esa es su filosofía, en la que se basa su mentalidad. Así es como se explica el crecimiento vertiginoso del número de adulterios incluso entre mujeres que hace poco se hubieran considerado demasiado «decentes» para ello. Y es que el romanticismo del que revisten todo ello es más bien una pose, no es más que un añadido para el plato picante, un juego de palabras y una justificación para la lujuria. Las mujeres, simplemente, ahora tienen los mismos derechos que los hombres y son igual de independientes, así que las tendencias de la época se aplican a todos en la misma medida. Las mujeres también quieren disfrutar de la vida, y es sabido que el sexo es el mayor y el más accesible de los placeres. No hay que hacer nada: solo abrir las piernas. ¿Les parece cínico? Lamentablemente, la realidad es esta.

Sencillamente todo el mundo quiere disfrutar, al fin y al cabo vivimos en el siglo xxi.

Una mirada realista sobre las cosas turbias

En realidad, es una cuestión muy seria. El adulterio no tiene nada bueno. La infidelidad muchas veces lleva a la tragedia, destruye las familias, deja detrás vidas malogradas y en ocasiones incluso provoca delitos. Claro que no vivimos en la época de Anna Karénina, pero cada uno de nosotros podría recordar un sinfín de historias tristes provocadas por la infidelidad, y no es una casualidad que los psicólogos den tantos consejos sobre el tema. Internet rebosa de recomendaciones de este tipo. «Cómo sobrevivir a la infidelidad», «Qué hay que hacer para que la vida vuelva a ser como antes después del adulterio», «Cómo perdonar», «Cómo espiar» o «Cómo vengarse»… La gente busca respuestas a estas preguntas, sufre, se siente perdida, sospecha, lo pasa mal. Y es todo comprensible.

Creo que esa mayoría de los belgas que dice ser indiferente ante la infidelidad no es del todo sincera; tampoco creo que a todos los franceses les dé igual el tema del adulterio. El ser humano, inicialmente, está llamado a vivir en pareja, y por naturaleza somos posesivos. ¿Quién va a renunciar tranquilamente a algo que considera suyo o acepta que se le considere malo en la cama? Simplemente la gente ha aprendido a aguantarse y a justificar cualquier cosa bajo el lema de «democracia», «independencia» y «libertad personal». De la misma manera, justificamos a veces cosas incluso más escandalosas, pero eso no cambia la esencia. Las leyes de la naturaleza son leyes de la naturaleza, y es mejor no bromear con ella. No en vano, vemos a nuestro alrededor muchísimas tragedias provocadas por la infidelidad conyugal.

Pero, entonces, ¿qué hay que hacer? ¿Cómo afrontar las infidelidades, será posible prevenirlas, y hasta qué punto merece la pena sufrir por ello? ¿Hay que aceptarlo o luchar en contra? Eso es lo que pensarán muchos partidarios de la fidelidad.

Pero estas preguntas no están bien formuladas de inicio. La visión correcta sobre las opciones para solucionar el problema de la infidelidad es la siguiente: ¿hay que relajarse o ponerse manos a la obra? Intentemos formular estas dos visiones de la estabilidad matrimonial desde este punto de vista.

Relájate y disfruta 

La resignación supone que nos aguantamos, pero en el fondo no estamos de acuerdo. Relajarse es otra cosa, significa pensar de verdad lo que supuestamente piensan los belgas. En este caso, hay democracia total en las relaciones de pareja, en el sentido más auténtico. La democracia es un fetiche, es el valor absoluto y el criterio de base. Nadie pertenece a nadie, las personas son totalmente libres, y cualquier forma de dominación, humillación o reprobación resulta completamente inaceptable. Si uno de los dos no obtiene suficiente placer en su cama de matrimonio, si su lado masculino o femenino no recibe suficiente energía por parte del sexo opuesto en comparación con lo que le hubiera gustado, tendrá derecho a compensar esta falta fuera del matrimonio. Todo ello, en estricta igualdad de condiciones. Ambos tendrán el mismo derecho al adulterio. 

Es algo perfectamente factible, digamos que es el «camino belga» puro. Pero aquí hay un problema. Es muy recomendable no hacer alarde de sus aventuras el uno delante del otro. La autoestima es una cuestión delicada, es mejor no someterla a demasiados ataques. Si llegan tarde a casa, podrán explicarlo con un «atasco», una «cena de trabajo» o de alguna otra manera, partiendo de la «confianza» mutua y la ausencia de preguntas, sospechas o intentos de espiar. El resultado podrá ser perfectamente confortable si se dejan de lado las cuestiones morales del adulterio. En este sentido, les remito a las ideas de Osho sobre el amor y la libertad, allí todo suena muy convincente. Creen su propio mantra del amor que les permitirá disfrutar de esta libertad, este freeride en la vida privada. Quién sabe, a lo mejor les sale estupendamente.

Amor apasionado hasta la muerte. También es una opción posible

En realidad, no todo el mundo es capaz de tener relaciones así sin ambigüedades y sin sentirse mal. Una cosa es permitirse una aventura en secreto, pero otra muy distinta admitir tranquilamente que alguien esté haciendo el amor con la «media naranja» de uno. Hay peligro de escándalos, neurosis y crisis de personalidad. En este caso, no hay más remedio que procurar que esta «media naranja» no desee a nadie más que a nosotros. Y eso supone mucho trabajo para ser mejor y mejorar las relaciones. Eso es, mucho trabajo. Lo que ocurre es que en la mayoría de las ocasiones los adulterios están relacionados con la búsqueda de la novedad. El ser humano es un ser intelectual, y le resulta natural buscar lo nuevo. En cuanto este deseo desaparece, el diagnóstico está claro: uno está envejeciendo. Y es algo que en primer lugar afecta al sexo. El que quiera evitar que su pareja le sea infiel, tiene que cambiar constantemente para ella y aparecer bajo una luz distinta. No puede dejarse conocer al 100 %. Las mujeres que pretendan ser únicas para sus maridos, lo tienen que tener muy claro. Tienen que prestar mucha atención a su propia sexualidad y a su atractivo sexual, y nunca dejar de evolucionar en ello. No existe otro camino. En el artículo «Qué hacer para que el hombre no se vaya. Diez consejos útiles para las mujeres partidarias de la estabilidad» sugiero los pasos que pueden dar en este sentido. 

Los hombres lo tienen todavía más complicado: aparte de lo dicho, tendrán que expresar constantemente su admiración, hacer regalos, demostrar que son los mejores. El amor es un juego, no podemos negar eso. Pero lo más importante, por supuesto, es aportar diversidad al sexo conyugal. Actualmente, las mujeres son cada vez más activas en la vida íntima, desean disfrutar y quieren sentirse satisfechas. Y si los hombres no quieren compartir a sus amadas con otros golosos, tienen mucho que hacer en este sentido. La búsqueda de la novedad, experimentos agradables, alejarse de la cotidianeidad, descubrir cada vez mejor el potencial de su pareja, seguirle el juego, llamar la atención, provocar asombro... Es decir, hay que aportar creatividad al sexo conyugal. En el artículo «El sexo dentro del matrimonio: doce pasos hacia el paraíso (o cómo añadir fuego a una cama que se enfría)» sugiero en qué direcciones pueden moverse y desarrollarse.

El aburrimiento en la cama es el peor enemigo de la estabilidad en las relaciones, por lo tanto es el precursor seguro del adulterio. Tanto los hombres como las mujeres tienen que recordarlo si desean que su pareja les sea fiel.

¿No es fácil? Claro que no, si lo vemos como trabajo. Y si lo vemos como un juego o una afición, resulta mucho más atractivo. Así que conviertan el sexo conyugal en su afición común, jueguen, coleccionen placeres, conviértanse en grandes entendidos en el tema y ofrezcan lo que nadie más ofrece. De esta manera a su «media naranja» ni se le pasará por la cabeza serle infiel.

© Andrey Rider

Si le ha gustado la línea de mi pensamiento o como escribo, en general, probablemente le encantará leer mis novelas, relatos y cuentos.

Novela «The MASK or the Formula of a Perfect Wife»Serie Una mirada a través de las cortinas. Colección de relatos eróticos n.º 1Serie Una mirada a través de las cortinas. Colección de relatos eróticos n.º 2Serie Una mirada a través de las cortinas. Colección de relatos eróticos n.º 3Serie Una mirada a través de las cortinas. Colección de relatos eróticos n.º 4

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