Amor, sexo, energía: sobre la importancia de descubrir la propia sexualidad

 
Amor, sexo, energía: sobre la importancia de descubrir la propia sexualidad

La energía sexual es la base energética del ser humano. Este es uno de los postulados principales de la filosofía oriental sobre el universo. Sin descubrir y desplegar la propia sexualidad, la persona no puede realizarse y no alcanzará la verdadera armonía. Y viceversa, una represión constante de los instintos sexuales y la insatisfacción sexual pueden provocar graves problemas. ¿Lo dudan ustedes? Entonces vamos a profundizar.

La energía sexual como base energética del ser humano

Todo es relativo en este mundo, y solo las leyes de la naturaleza son absolutas. Eso es lo que dice esencialmente la Teoría de la relatividad de Einstein, lo que significa que oponerse a estas leyes resulta insensato, inútil y peligroso. 

La naturaleza se manifiesta principalmente en la energía, a estas alturas a nadie le sorprenderá esta teoría. 

En el contexto del presente artículo vamos a estudiar la energía humana y las relaciones entre hombres y mujeres. Y es que todo en este mundo es energía, incluso el ser humano es una concentración de ella. En ella está el alma, la esencia, la fórmula básica del universo. Para los creyentes, eso es Dios. Todo está interrelacionado a través del flujo de la energía: en ello está la esencia del desarrollo, la vida misma. Y la base energética del ser humano consiste en lo que nosotros llamamos la sexualidad, es decir, la energía sexual. Se puede decir que este es uno de los postulados principales de la filosofía oriental sobre el universo, que se formó hace muchos siglos. Vamos a partir de esta base.

La sexualidad es una expresión de la vitalidad, la naturaleza misma. Esta energía sirve de base a la creatividad, al deseo humano de vivir activamente y a realizarse como persona. Sin descubrir y desplegar su propia sexualidad, la persona no puede realizarse y no alcanzará la verdadera armonía ni la verdadera plenitud. La represión de la sexualidad o su limitación son el camino seguro hacia la degradación. En cuanto la persona empieza a reprimir conscientemente su sexualidad, surge un importante conflicto interior. Es el conflicto entre el ego (la consciencia) y la energía. Privándose de satisfacer sus deseos naturales, la persona intenta oponerse a las leyes de la naturaleza, que es invencible.

«Entre miles de cosas nacidas del cielo, el ser humano es lo más valioso. Y de todo lo que el ser humano valora especialmente, nada es comparable a la copulación. La copulación imita el cielo y tiene por modelo a la tierra, pone orden al yin y apacigua el yang. Los que entienden estos principios, pueden nutrir la naturaleza y alargar su propia vida. Los que no entienden su sentido verdadero, se hacen daño y mueren prematuramente», escribió sobre este concepto el sabio chino Dun Xuan hace mil quinientos años. 

Y no solo se trata de un postulado teórico oriental. Existe toda una serie de obras de célebres filósofos, estudiosos y médicos que, desde distintos puntos de vista, demuestran que la sexualidad natural reprimida influye muy negativamente en el estado psíquico y fisiológico del ser humano, y como resultado, en la persona como tal. Es bastante popular el enfoque según el cual la energía sexual reprimida busca salidas poco naturales para ella, lo que provoca enfermedades y alteraciones importantes. En este sentido, la energía y la fisiología están estrechamente ligadas entre sí. «Los deseos no cumplidos nos destruyen desde dentro», reza un sabio dicho oriental, y en realidad es así. Cualquier buen psicólogo lo confirmaría enseguida.

La alquimia del éxtasis o el camino creativo del amor

Desde el punto de vista del concepto energético oriental, la idea, tan difundida en Occidente, según la cual la mujer necesita el amor y el hombre, solamente el sexo, no tiene ningún sentido. Esta oposición es absurda si se trata de relaciones sensuales y sinceras, y estamos hablando precisamente de ellas. 

El amor como manifestación energética no tiene límites, es absoluto. No es una casualidad que no podamos controlar nuestros sentimientos y deseos sexuales. El sexo es la naturaleza de nuestra existencia, está profundamente arraigado en nosotros, es la vida y la esencia mismas. 

Tal y como hemos señalado antes, el ser humano tiene que procurar estar lleno de energía, desplegarla en vez de reprimir. Los sentimientos y los deseos son algo primario y natural, y seguirlos intuitivamente es el arte más importante para una vida plena. Comportarse de una manera natural y relajada en este ámbito significa ser uno mismo. También es uno de los principios básicos orientales, importantísimo para la energía sexual. No hay que limitarse en el amor sino buscarlo, buscar y responder a la llamada de la naturaleza. En el siglo pasado, fue Osho quien habló mucho de ello, muy razonablemente, deliberando sobre la libertad y la creatividad en el amor y sobre lo dañinos que son los prejuicios y las convenciones sociales.

«Cada persona tiene que cultivar una visión creativa para progresar con éxito en el camino del amor. [...] La visión creativa nos ayuda a entrar en contacto con la fuente de nuestra existencia y nos aporta una capacidad ilimitada para desarrollarnos. [...] En el ámbito... de la sexualidad existen muchas barreras que es necesario superar. La visión creativa hace milagros a la hora de eliminar las dudas o superar la inseguridad, y a la vez actúa como un remedio muy potente para aumentar nuestras fuerzas vitales. [...] Hay que cultivar la independencia de las costumbres sexuales, puesto que las costumbres sexuales son las que más nos esclavizan. [...] Todas las doctrinas orientales insisten en que es necesaria la diversidad y una espontaneidad libre».

Se trata de una cita del libro La alquimia del éxtasis, de Nick Douglas y Penny Slinger, un trabajo único que resume la visión oriental sobre la sexualidad del ser humano. Estas palabras contienen muchísima sabiduría. Solo que hay que prestarles atención. 

El hombre y la mujer. La energía de la intimidad

Claro que las relaciones entre hombres y mujeres no se reducen al sexo, y este no siempre juega el papel decisivo en una familia. Hay muchos lazos que unen a la gente que se quiere. Pero la importancia del sexo no se puede comparar con ninguna otra cosa. Lo confirman numerosísimas estadísticas, y a esa misma conclusión llega toda una serie de estudios realizados en los países más desarrollados. Podrán conocer las conclusiones principales de estas investigaciones en el artículo «El principal valor familiar: cómo conservar el matrimonio». Actualmente, la insatisfacción sexual constituye la causa principal de divorcio. Es un hecho indiscutible, y no solo se trata del lado fisiológico, aunque este también resulta ineludible. Y es que es durante el acto sexual cuando ocurre el verdadero intercambio de energía entre el hombre y la mujer. Si el sexo se extingue en una pareja, quiere decir que esta relación no tiene futuro, incluso si el hombre y la mujer no se dan cuenta de ello. Es decir, no tiene futuro energéticamente. Estas personas podrán seguir siendo amigos, formando familia, vivir juntas si les apetece, pero aportarán muy poca energía el uno al otro. Y eso solo puede significar una cosa: cada uno de ellos ha dejado de ayudar al otro a desarrollarse, como podría haber ayudado. El potencial existente no se realiza. En cierto modo, se puede decir que estas dos personas se empobrecen energéticamente. Eso, en el caso en el que sigan siendo fieles el uno al otro en las relaciones sexuales. Unas relaciones que no existen o son defectuosas. Y como actualmente lo que prima es el egoísmo, mientras que las cuestiones morales o el respeto por las tradiciones tienen poca influencia sobre la gente, al perder el factor natural que las unía antes, muchas parejas se acaban descomponiendo.

Es algo fundamental y realmente tiene mucha importancia. Cuando el sexo se empieza a extinguir, es como si las relaciones de pareja perdieran vitalidad. Ya no es lo que desean los dos, en primer lugar, no es lo que desea el hombre. No es lo que pide su naturaleza. Estas relaciones podrán seguir existiendo, incluso podrán desarrollarse parcialmente, pero ya no es lo mismo, y esta es la responsabilidad de la mujer, así que es ella la primera que tiene que darse cuenta de todo ello, puesto que ella es la impulsora del sexo en la naturaleza. 

Lo femenino como portador de la energía sexual

Eso es lo que se piensa en Oriente. Es la mujer quien enciende el fuego del deseo sexual. Su papel impulsor es indudable. La mujer llama, provoca y atrae, mientras que el hombre reacciona a la llamada. Ella puede hacerlo totalmente sin darse cuenta, pero la realidad es esta. El deseo instintivo de la mujer de gustar a los hombres tiene las mismas raíces. Es decir, las teorías orientales afirman que encender el fuego del deseo en el hombre forma parte de la zona de la responsabilidad de la mujer. Si el hombre deja de desearla, es ella la que ha hecho algo mal. Da lo mismo si eso les gusta a las feministas o no, pero Occidente no ha llegado a formular nada que contradiga de verdad esta opinión. 

En la actualidad se habla y se escribe mucho sobre lo femenino, su esencia, su función principal, cómo fortalecerlo y cómo desplegar. En realidad, todo es bastante fácil. Lo femenino es, en primer lugar, la energía sexual femenina. La mujer lleva esta energía dentro y el hombre la necesita. La necesita y la recibe a través del sexo. En primer lugar, a través del sexo, y si no la obtiene de una mujer concreta, empieza a sentirse atraído por otras. No es algo «inmoral», así es la ley de intercambio de energía. No hay nada místico en ello y no tiene que ver con la moral. Para una mujer, saber hacer el amor es lo mismo que compartir su naturaleza femenina. Para ella, amar el sexo significa seguir las leyes de la naturaleza. 

Claro que existen mujeres que no son muy amantes del sexo, muchas tienen problemas con el orgasmo. Para muchas de ellas el sexo no es el mayor placer del mundo, pero estas ya son cuestiones distintas, que no cambian la esencia del tema que tratamos aquí: las leyes de la naturaleza son estas y es de lo que estamos hablando.

El amor pleno y el sexo son inseparables

En el mundo de la energía no existe ninguna moral. Solo puede haber dos cosas: o bien desarrollo y auge, o bien descenso y extinción. Este mundo no sabe nada de la sociedad, la iglesia o la moral. Para él, las leyes humanas, nuestras costumbres, reglas y tradiciones no importan nada. La naturaleza ha creado a la mujer para el amor, en ello consiste su misión principal, y el amor es la energía, el placer y el sexo. El placer es el estímulo y el premio por haber seguido las leyes de la naturaleza. 

La verdadera cultura sexual de la mujer consiste en darse cuenta de la unión del amor y el sexo. El sexo como parte inalienable del amor pleno. Si hablamos de lo femenino verdaderamente profundo, haciendo el amor con un hombre, la mujer tiene que amarle en ese momento. En ello consiste el arte supremo de una mujer de verdad, la capacidad de disfrutar sinceramente de la unión con el hombre con el que se encuentra en la cama. Ha llegado a esta cama, siguiendo la llamada de su propia naturaleza. Para una mujer, amar así su propia naturaleza es amar al hombre con el que se funde en un abrazo. El amor son los sentimientos que se experimentan en ese momento preciso. No cambia con el tiempo y el espacio, es libre de convenciones sociales y obligaciones. No depende de nada. Es la energía pura, completamente independiente, y no tiene precio. Siempre y en todo momento. 

Y la sensación de amor o enamoramiento, incluso su primer impulso, es como un soplo del viento de la energía. Es donde se concentra la posibilidad de una verdadera realización personal, puesto que amando es cuando la persona experimenta el mayor auge energético. 

No somos nosotros los que hemos creado este mundo, tan solo nos corresponde aprovechar correctamente lo que nos está dado. El estado de armonía para con el mundo se podría formular como la «predisposición para enamorarse y amar».

© Andrey Rider

Si le ha gustado la línea de mi pensamiento o como escribo, en general, probablemente le encantará leer mis novelas, relatos y cuentos.

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